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A primera vista, dudo que me identifiques con un pelícano… me temo que, quien me cinceló, nunca había visto uno y mi forma recuerda más a un águila…. Pero, lo cierto es que lo que desea evocar mi figura es el gesto amoroso y de preservación de la especie que la pelícano hembra lleva a cabo para alimentar a sus crías (como las puedes ver también a mis pies) Y, ¿qué hace? se hiere el pecho para alimentarlos con su sangre. ¡Hermosa alegoría de la entrega eucarística de nuestro Señor Jesucristo que nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre! Además, soy un “ostensorio”, es decir, he sido hecho para “mostrar” (eso significa esa palabra en latín), para “exponer” el Santísimo Cuerpo del Señor para que sea adorado.
Para esto nací. Y… ¿Te puedo decir un secreto? Lo echo de menos…

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